Un nuevo comienzo en La Sabana

Un recorrido junto a los protagonistas que vivieron la inundación en 2011

Hacia las 9.25 AM del día 25 de abril del 2011 comenzó a entrar agua a los salones de la Universidad de La Sabana. Nadie sabía lo que pasaba. El Río Bogotá había aumentado su caudal a 50 metros cúbicos por segundo. La presión que ejercía el agua sobre el jarillón era muy fuerte. Se mantuvo así por ocho meses hasta que colapsó. 

Luz Marina Segura, quien se encontraba haciendo aseo se alertó cuando alguien gritó que venía una avalancha. La evacuación era inminente. La gente corría de un lado a otro, sin saber a dónde ir. No había un lugar por donde transitar sin mojarse los pies. 



A pesar que muchos trabajadores y estudiantes intentaron salvar documentos y equipos, hubo muchas pérdidas. En cuestión de 3 horas todos los edificios tenían aguas con más de dos metros de altura. Alrededor de 9,000 libros flotaban en la biblioteca. La Facultad de Comunicación perdió todos sus equipos antes de ser estrenados. 

Al medio día todos los edificios tenían aguas con mas de dos metros de altura




La comunidad universitaria estaba preocupada ante la incertidumbre del destino del alma mater. Los padres no sabían si sus hijos se atrasarían un semestre. Los  administrativos dudaban del día para regresar a sus labores.


Ante la especulación, las directivas se pronunciaron y en tiempo record reubicaron a los estudiantes para continuar con sus respectivos cursos.  Dispusieron de tres sedes alternas: La Caro, Calle 80 y Arrayanes en la ciudad de Bogotá.

Las clases en las sedes alternativas duraron alrededor de 4 meses. Durante ese tiempo la universidad se dedicó a limpiar los espacios que sufrieron daños en un 95%. Por otro lado, contrató la firma holandesa Royal Haskoning que se encargó de reforzar el jarrillón.

A través de una técnica llamada tabla estacado se construyó una estructura más fuerte a la que existía. El muro cuenta con de 2,000 metros de extensión, 5,42 metros de altura y lo acompaña un trabajo paisajístico. El objetivo es prevenir futuras inundaciones por 100 años.

Aunque las pérdidas materiales superaron los 35,000 millones de pesos, el rector a través de ejecución de pólizas cobró 22,000 en recuperación de activos e infraestructura.  Con este mismo dinero, se ejecutó el nuevo dique. 

Adicionalmente este percance despertó en la comunidad sabanera las ganas de seguir construyendo una mejor universidad. Para conseguir esto, se promovieron proyectos como el edificio Ad Portas y la completa reestructuración del campus. 

Esta experiencia dejó una enseñanza en todos los trabajadores que están ahora preparados para enfrentar una nueva crisis. Se han realizado capacitaciones para enfrentar desastres. Cada edificio están dotados con kits de inundación.

En el caso específico de la biblioteca, los trabajadores colaboraron en la construcción de una hemeroteca actualizada. Sacaron los títulos que se perdieron y añadieron las donaciones de los estudiantes.

Hay más de 800 trabajadores que vivieron ese momento. La mayoría lo define como un suceso horrible en la historia de la institución, sin embargo en la memoria de los empleados queda el recuerdo de lo que significó hacer parte del nuevo renacer de la Universidad de la Sabana.