Sueños en arena
Esta es la historia de los areneros de Lorica: Hombres trabajadores que luchan por condiciones dignas para realizar su oficio.
A las 3 am se despierta Johny Pérez sin necesidad de ninguna alarma. Corre rápidamente a la cocina a prepararse el café y esquilmar el pan que su madre compró el día anterior. Él dice que lo toma porque ella olvida que el médico se lo prohibió comer por la diabetes. Tarda dos minutos en desayunar y sale a la calle. Antes solía caminar al trabajo, pero ahora le tocó sacar a crédito una moto.
Llega a Puerto Eugenio donde lo esperan sus compañeros con pala en mano y algunos ya en canoas. Esta vereda queda a 5 minutos de distancia del casco urbano de Lorica, el pueblo donde ellos residen. Para comenzar la jornada, los hombres se dividen en cuartillas donde por cada una de las 40 canoas deben ir al menos 3 personas.
Apenas se organizan, reman hacía la margen izquierda del Río Sinú y se detienen a mitad de camino. Uno de ellos toma un balde y se sumerge 5 metros, con una precisión milimétrica de 30 segundos cada vez que lo hace. Cuando sale del agua pasa la arena recolectada a sus otros compañeros que la distribuyen a lo largo de la canoa.
Una vez que recogen 5 metros cúbicos, reman a la orilla donde lo esperan al menos 20 hombres más. Allí pasaran la arena peldaño a peldaño, hasta depositarla en el camión que se va cuando es llenado con 20 metros cúbicos.
"Las canoas con las que iniciaron esta actividad recogían de uno a dos metros cúbicos. A medida que fue creciendo la necesidad, los areneros también"
Johny Pérez
Pueblo patromonio, reubicación forzada
Antes del año 2014, los areneros realizaban su labor en el malecón del centro histórico de Lorica, ubicado en el barrio Santa Teresita. Allí llegaban en bicicletas o a pie, ya que vivían en barrios aledaños. Se asentaron en esa zona hace 70 años y el terreno se fue urbanizando alrededor de ellos cuando vendían su materia prima a cualquiera que llegara a comprar.
Desde la administración del ex alcalde Ulises Sánchez en el año 2009 se comenzó a dialogar con la formada Asociación de Areneros de Lorica (ASOAREL) para reubicarlos. Se les explicó que invadían el espacio público en la Avenida Olaya Herrera (Calle 1ra) y que por sus oficios la carretera cada vez era más angosta y no posibilitaba el paso de automóviles y camiones. Los areneros estaban dispuestos a colaborar, pero exigían garantías.
Luego de este acercamiento, en el año 2013 el ex mandatario José Francisco Jattin en compañía de MinCultura y Fontur trabajó en la recuperación ambiental y paisajística de la ribera del río Sinú como atractivo turístico en el Centro Histórico "Malecón del Sinú". Con una inversión de 16 mil millones de pesos y Lorica adscrita a la Red de Pueblos Patrimonios de Colombia con declaratoria de 'Bien de Interés Cultural de Carácter Nacional' el traslado de los areneros era inevitable.
En principio la Alcaldía de Lorica en cabeza de José Francisco Jattin, sellaron el lugar con vigilancia policial negando el acceso a los areneros para trabajar. Por su parte, la asociación de areneros contrató un abogado e interpuso una tutela exigiendo la protección de sus derechos fundamentales en conexidad con el principio de la confianza legítima.
El juzgado primero promiscuo municipal ordena al Municipio de Lorica comprar un lote y adecuarlo para que ellos puedan continuar sus actividades. Así cedieron a Puerto Eugenio con 107 metros cuadrados por 30 de ancho en el año 2016. Pese a los arreglos que hizo la Alcaldía, las condiciones del lugar y las vías de acceso no son óptimas.
"Para llegar a Puerto Eugenio gastamos dinero en mototaxi, pero decidimos movernos porque era para hacer más lindo este pueblo que se ha formado
a partir de los callos en nuestras manos"
Johny Pérez
La Alcaldía de Lorica, con Nancy Sofía Jattin a la cabeza desde el año 2016 y junto a su secretario de planeación Leonardo Rada afirman que han hecho mantenimiento a Puerto Eugenio, después de la ola invernal en 2017. También los han ayudado con:
* Constante acompañamiento para el mantenimiento de las vías de acceso.
* Apoyo económico de COP 20.000 a cada uno de los 208 areneros.
* Microseguro de vida.
La sensación de malestar entre los areneros es constante, pues consideran que los problemas relacionados a las vías son tratados de manera superficial. Esto ha provocado que los conductores de camiones opten por comprar la arena en otros municipios.
Su actividad ha sido enmarcada como mineria de subsistencia en las pasadas tres administraciones. Sin embargo, su practica no dejar de ser ilegal. Es por eso que ellos piden soluciones que apunten más hacía la capacitación para obtener títulos mineros y así mejorar sus sistemas de producción, pero allí no han obtenido asesoría ni apoyo económico.
Una de las cosas que Johny Pérez considera que falta es unidad. Él opina que los areneros deberían trabajar por el bien común en aras de organizarse mejor y mejorar el sistema de producción.
Como representante legal sigue en pie defendiendo su tradición heredada y el trabajo de sus compañeros, así como sus familias. Él sueña a través de la arena y recuerda que con ella pudo cambiar su casa de bahareque a material, desafiando a su madre que siempre le decía "Casa de herrero, cuchara de palo"
