HUMANOS: el 0,01% que altera el mundo

Distribución de la biomasa mundial y como el hombre ha cambiado sus proporciones

Mirar al mundo a través de los números siempre aporta una visión fascinante de una realidad que a veces nuestros sentidos no nos dejan intuir. Algo así es lo que me ha sucedido al leer un artículo recientemente publicado en Proceedings of the National Academy of Sciences. Se trata del último trabajo que ha recopilado y reanalizado todos los estudios existentes hasta la fecha sobre biomasa con el fin de cuantificar cuánta hay y cómo está esta repartida.


Cuando uno sale a pasear a la naturaleza, sobre todo habitando una región mediterránea, tiene la impresión que la huella del hombre está en todas partes. Lo humano parece estar en todos los paisajes. Al menos esa es la impresión que yo siempre he tenido, incluso cuando he tenido la oportunidad de visitar áreas remotas, bien en la Laponia finlandesa o en la Patagonia argentina.Por eso, uno se sorprende al ver lo que los humanos representamos en números. El trabajo mencionado estima que los humanos no constituimos más del 0,01% de la biomasa terrestre. Sólo el 0,01%. Parece una cifra muy insignificante para el impacto que tenemos sobre el resto de los organismos vivos. A veces cuesta saber si estos datos pueden observarse desde una perspectiva positiva o una negativa.

Me explico, nuestra masa de 0,06 Gigatoneladas de Carbono (Gt C), que es apenas un 0,01% del total, resulta que es la causa de lo que los expertos denominan el Antropoceno, que no es más que el nombre con el que hace poco los geólogos decidieron bautizar esta nueva era geológica que empezó con el auge de la civilización de nuestra especie. Un evento evolutivo e histórico que ha transformado totalmente el planeta, hasta el punto de dejar un registro geológico de dichos cambios, aunque exista discordia entre los geólogos sobre el verdadero impacto efecto geológico. Lo que nadie duda, es el efecto humano sobre el resto de organismos vivos, su enorme capacidad para alterar los ecosistemas y con ello el clima. Quizás por todo ello, sinceramente creía que los humanos éramos más. Una vez más me dejé engañar por la intuición de mis apreciaciones de mi entorno y sacar unas conclusiones erróneas. Esta es una de las grandezas de los números, que no sucumbe a las sensaciones. Y es por eso que de alguna manera me cuesta ver esta nueva estima de manera positiva, ¿cómo siendo una porción tan pequeña podemos tener tanto impacto?


Pero empecemos por el principio, antes de evaluar un poco el efecto que las personas tenemos sobre el resto de organismos vivos. Veamos primero cual es la composición viva actual de nuestro planeta. ¿Cómo está repartida la biomasa entre los organismos vivos? La mayor parte está representada por las plantas, sí, por mucho que hayamos deforestado grades extensiones de la superficie, las plantas todavía constituyen el 82% de la biomasa total. Supongo que este valor no sorprende a nadie, pues es fácil imaginarse que una gran parte de la biomasa está concentrada en el cuerpo de los grandes bosques, en el tronco de los esbeltos árboles, los matorrales del sotobosque e incluso en las hierbas y flores que cubren grandes extensiones de praderas por todo el planeta.

Fig. 1. Representación de la distribución actual de la biomasa de carbono seco a lo largo de los diferentes filos.

Sin embargo, por detrás de las plantas encontramos a un grupo que posiblemente nadie consideraría, el de las bacterias. Las bacterias terrestres y marinas son con mucha diferencia el segundo grupo más abundante, su masa es el 13% del total. El 5% restante se lo reparten de forma descendente, los hongos, archaea, los protistas, y es tan sólo al final de la lista, donde encontramos a los animales (donde nos incluimos los humanos) y los virus (Fig. 1).


Si nos adentramos a evaluar con detalle los datos del reino animal, donde nos encontramos, con un ánimo egocentrista o mejor dicho antropocentrista, mucha gente volverá a sorprenderse. Pues del total de los animales, el 50% de la biomasa está formada por los exoesqueletos de los artrópodos. No sólo son los grupos de mayor riqueza y diversidad biológica, sino también los más abundantes en términos de masa animal. En segundo lugar están los peces, con aproximadamente un 30% de la masa animal, y eso que los humanos llevamos décadas vaciando los mares. Le siguen los moluscos, y a éstos los anélidos, y con la mitad de la masa de los gusanos nos encontramos con los animales domesticados, todos aquellos animales que criamos y cuidamos para nuestro consumo. La masa de los animales de granja es casi el doble de la de los humanos. Al final de dicha escala, con valores mucho más bajos aparecen finalmente los mamíferos salvajes y las aves salvajes, anfibios y reptiles tan siquiera aparecen en las tablas (Fig. 2).

Fig. 2. Distribución de la biomasa dentro del reino animal.

Visto así, el panorama general, el peso de los humanos en el mundo podría parecer poco, pero es cuando uno empieza a ahondar en los datos que poco a poco va tomando conciencia de lo que ese 0,01% representa para el planeta.

Humanos y ganado constituimos el 96% de la masa de mamíferos en el mundo. Todas las otras especies de mamíferos salvajes son sólo el 4%.

Empecemos por ejemplo por los mamíferos. Aunque en la gráfica que recoge la biomasa del reino animal ya se intuye algo, si nos centramos en los mamíferos es cuando empezamos a tomar conciencia que las proporciones no están equilibradas. Veamos, los mamíferos que forman parte de nuestras vidas, las especies domesticadas, masivamente representadas por vacas y cerdos, constituyen el 60% de la masa total de los mamíferos. Los humanos, las 7.613.600.000 personas que a día de hoy poblamos la Tierra somos el 36%. Pensémoslo, nosotros, una sola especie, el Homo sapiens y las especies domesticadas de las que nos alimentamos, conformamos el 96% de la masa de mamíferos del mundo. Es decir, el 96% de toda la masa de mamíferos está formada por unas pocas especies, mientras que es en el restante 4% donde encontramos todas las especies salvajes. Elefantes, jirafas, simios, gacelas, cebras, felinos, ratas, topos, zorros, renos, osos, canguros, búfalos, lobos, rinocerontes, osos… es decir toda la riqueza de mamíferos que tanto nos fascina a los amantes de la naturaleza apenas ha quedado relegada a un 4%. Un estudio de este mismo año informaba que en la actualidad hay 6,495 especies de mamíferos, si a este valor le restamos nuestra especie y unas pocas más como las vacas, cerdos, ovejas, cabras y alguna otra, nos damos cuenta del inmenso impacto de los humanos sobre la fauna mamífera, en la que unas 6,490 especies han quedado reducidas al 4% de la biomasa de mamíferos (Fig. 3). Es obvio que desde el punto de la biomasa, el mundo de los mamíferos está muy empobrecido, dominado de manera aplastante por un mundo humanizado. Tal y como ha dicho el principal firmante del estudio Ron Milo al The Guardian: «Cuando hago un puzzle con mis hijas, normalmente encuentras un elefante junto a una jirafa, y esta junto a un rinoceronte. En realidad, si quisiese darles una visión más real del mundo, en el puzzle debería haber una vaca junto a otra vaca, y esta junto a otra vaca y de vez en cuando una gallina».

Fig. 3. Distribución de la biomasa actual dentro de los mamíferos. Los humanos y el ganado constituyen el 96% de la masa, los mamíferos salvajes sólo son el 4% de la masa actual.

Nuestra influencia no se queda restringida al grupo de los mamíferos sino que se extiende hasta el de las aves. Allí encontramos una situación semejante, si bien no tan exagerada, donde el 71% de la biomasa aviar del mundo está constituida principalmente por nuestros pollos (Fig. 4). Las aves de corral para consumo humano doblan con creces al de todas las aves salvajes.

Fig. 4. Distribución actual de la biomasa entre las aves. Las aves de corral doblan con creces al de las aves silvestres.

Una de las secciones más interesantes del estudio es aquella en la que se evalúa el efecto pasado del hombre sobre el resto de organismos. Usando diferentes métodos de estimas de biomasa en el pasado y comparándola con la del presente, podemos una vez más evaluar desde una perspectiva diferente los efectos del Antropoceno. Si bien conocemos bien, y se ha hablado mucho de la pérdida de biodiversidad desde la aparición del hombre, tanto como para asignarnos la responsabilidad de la sexta extinción masiva registrada en la historia terrestre, ahora podemos ver en números como ha variado la distribución de la biomasa.


Somos el 0,01% del total pero hemos destruido el 83% de la masa de los mamíferos terrestres, el 80% de los mamíferos acuáticos, el 15% de los peces y hasta el 50% de la masa de las plantas.

Volvamos un momento a los mamíferos, por ser el grupo del que más conocimiento se tiene. Estudios previos habían estimado que en la era prehumana la masa de fauna terrestre debía ser de 0,02 Gt de carbono. Nadie duda que los humanos contribuyeron en gran medida a la extinción de la Megafauna del Cuaternario, hasta llegar a los valores actuales de fauna silvestre terrestre de 0,003 Gt, siete veces menor a la que nos antecedió. En el caso de los mamíferos marinos los datos sugieren un panorama parecido, en el que la pesca ballenera ha reducido a lo largo de nuestra historia en cinco la biomasa de los cetáceos, pasando de las 0,02 Gt a las 0,004 Gt actuales (Fig. 5). La biomasa total de mamíferos desde entonces ha aumentado, es casi seis veces mayor a como era en el Cauternario, pero el incremento se debe sólo al aumento de la población humana y el ganado, la fauna salvaje ha perdido mucho. No sólo la de los mamíferos, también los peces han visto reducida su biomasa hasta en un 0,1 Gt debido a la pesca intensiva del último siglo. El estudio concluye que la humanidad es el principal agente de la actual distribución de la biomasa. Si bien las plantas siguen siendo las que secuestran el 82% de la masa seca de carbono, los datos apuntan que el total de la masa forestal se ha visto reducida a más de la mitad, es decir que la biomasa de las plantas era el doble de lo que es en la actualidad, antes de que el hombre empezase a deforestar masivamente los grandes bosques templados y tropicales para sus cultivos o pastos para los animales. La biomasa de los cultivos es de unos 10 Gt C, lo que corresponde aproximadamente a sólo el 2% de la biomasa total de las plantas. Es fácil visualizar que un bosque acumula mucha más biomasa que un campo de cereales.

Fig. 5. Cambio en la biomasa de mamíferos terrestres y acuáticos estimada antes de la aparición de la civilización humana (franja rosácea) y en la actualidad (franja azul).

En resumen, el trabajo viene a darnos una nueva imagen de los efectos de los humanos sobre la naturaleza. Hasta la fecha la mayoría de estudios se habían centrado en cuantificar la pérdida de diversidad genética o biológica, ahora, gracias a este trabajo, a pesar de sus dificultades técnicas y posibles errores a la hora de estimar la masa de algunos organismos, nos aporta una visión más amplia sobre como los humanos estamos redistribuyendo la biomasa y el uso que hacemos de ella. Como el principal autor declara para The Guardian: "Los humanos somos extremadamente eficientes explotando los recursos naturales. Los humanos hemos reducido, en algunos casos incluso erradicado, los mamíferos salvajes para alimentarnos de ellos o por puro placer in todos los continentes".


Somos el 0,01% del total pero hemos destruido el 83% de la masa de los mamíferos terrestres, el 80% de los mamíferos acuáticos, el 15% de los peces y hasta el 50% de la masa de las plantas. Sin duda un 0,01% con mucha influencia que a día de hoy puede decirse que controla la biomasa del planeta tierra. Una evidencia más de que la crisis ecológica está sólo en nuestras manos.


Texto previamente publicado en: Evoikos